Al comienzo de nuestro octavo día de Intercambio, el tiempo, tan variable, parecía querer desmentir lo que en este diario habíamos recogido ayer. Amanecía en La Roche-Sur-Yon un día ceniciento, gris, cubierto de unas nubes que a las siete de la mañana ya mojaban suelos y tejados. Durante el viaje a Nantes, a unos 70 Kilómetros de distancia, prácticamente no paró de llover, en ocasiones con intensidad. Sin embargo, a la llegada, en torno a las 9:30, ya no llovía y no volvió a hacerlo hasta que comenzamos el viaje de regreso, a las 17:00 horas. Pudimos así disfrutar de todos los encantos de Nantes, antigua capital bretona a orillas del Loira, que lo es hoy del departamento del Loira Atlántico y de la región Países del Loira y que cuenta con unos 350.000 habitantes, cifra que se eleva hasta los 700.000 con su conurbación.
Comenzamos la visita dando un paseo por el centro histórico de la ciudad, lo que nos permitió conocer el art deco de la preciosista Galería Pommeraye, la Fuente del Loira, en la Place Royal, y finalmente la catedral gótica de San Pedro y San Pablo. Caroline, la profesora francesa que junto a François organiza el Intercambio de este año, fue nuestro particular cicerone. Disfrutamos después de una hora de asueto para perdernos por la ciudad, tomar un café o hacer las primeras compras.
A las 12:00 dio comienzo nuestra visita guiada al Castillo de los duques de Bretaña, donde conocimos su historia y la de la ciudad de la mano de un guía que, durante hora y media aproximadamente y en un accesible e inteligible francés, nos lo explicó con todo detalle.
Tras la comida llegó uno de los momentos más esperados del día, las compras. Nantes, ciudad comercial también, desplegó todos sus encantos ante una chavalería dispuesta a dejarse seducir por su variada oferta. Todos cooperamos en esta empresa a veces particular, a veces colectiva: informándonos mutuamente sobre las mejores zonas de compra y sobre las mejores ofertas, ayudándonos a elegir regalos y a comprarlos (algunas alumnas ayudando a algún profesor ignaro en estos asuntos a comprar ropa para regalar; algunos profesores ayudando a comprar el vino más adecuado para los papás y las mamás…) o simplemente opinando sobre el acierto de lo adquirido.
A las cinco de la tarde Federico arrancaba el autobús para emprender el camino de regreso. Como ya hemos dicho, inmediatamente después se puso a llover. Aún tuvimos tiempo de una última parada en un parque comercial de La Roche, lo que fue aprovechado por los más rezagados para hacer sus últimas adquisiciones. A las 19:00 horas, con una puntualidad que tiene que tener sorprendidos a nuestros anfitriones (dada la mala fama ganada por los españoles en este particular) estábamos en La Roche. La jornada había concluido.
Para el jueves, nuestro último día de Intercambio, tenemos una apretada agenda: asistir a clase con los correspondants, juego de pistas por La Roche, competiciones deportivas y acto de despedida. Muchos alumnos confiesan que no les importaría una semana más…
(Nota: os agradecemos los simpáticos y cariñosos comentarios que estamos recibiendo).
LOS/AS PROFESORES/AS ACOMPAÑANTES
Purificación Carrasco Díaz
José María Egido Fondón
María Jesús Penco Martín
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